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Tres Historias Acerca de la Muerte

Estas tres historias tratan de personas que horas o días antes de que sucediese una muerte, tuvieron “sueños” premonitorios de lo que iba a suceder.

La primera historia tuvo lugar en un hospital:
El padre de una amiga de mi madre se encontraba ingresado después de una operación y su hija, que es enfermera, se encontraba con él en “Despertar”, como se conoce a la unidad donde los enfermos operados se despiertan de la anestesia. Todos sabemos que en esos momentos, después de una operación cuando la anestesia se desvanece y el dolor hace aparición, la mente está medio dormida y no se es completamente consciente de lo que se dice. Pues estaba él en ese estado cuando señaló una estantería en la pared y dijo: -Quiero que me bajes esa caja que hay ahí. Pero ella, al ver que no había ninguna caja, le preguntó. -¿Para qué quiere la caja papá, tiene documentos en ella? ¡No! -contestó- Quiero la caja porque quiero que me enterréis en ella.

El hombre nunca se recuperó de la operación y murió días después.

¿Qué fue lo que pasó, eran los simples delirios de una persona inducidos por la anestesia, o el hombre pudo ver que su momento estaba cerca y quiso tener preparado el ataúd?

La segunda historia le ocurrió al padre de mi tío:
Este señor tenía un hermano gemelo el que ya estaba en estado terminal por culpa de un cáncer, pues me contó este que un día de madrugada se despertó y le dijo a su mujer:

-Levántate y vístete, tenemos que irnos mi hermano acaba de morir-. Y antes de que tuviese tiempo de ponerse los zapatos habían recibido una llamada de su sobrino, para comunicarles la muerte de su padre. Resulta que este señor le había dicho eso a su mujer porque acababa de soñar con su hermano que había venido para despedirse de él.

Inquietante ¿verdad?

La última historia sucedió en el pueblo de mis abuelos:

Había un señor muy mayor que por una enfermedad se veía obligado a guardar cama. Un invierno aquel hombre cogió la gripe, y cuando el médico fue a visitarlo le dijo a la familia que aquella noche sería la decisiva, que o mejoraba o moría. Pasó la noche y por la mañana el hombre se encontraba mucho mejor, mis abuelos pasaron a visitarlo a los dos días y tuvieron una conversación parecida a esta:

-Buenos días, Rafael ¡Qué bien que se encuentra mejor! ¿no? Parece que nos enterrará a todos -dijo mi abuela.

¿Saben por qué estoy mejor?-respondió Rafael- Es por la certeza de la muerte, resulta que el día que dijo el médico que podía morir, soñé con mi entierro, se celebraba el jueves de la semana que viene e iba metido en el ataúd en dirección a la iglesia.

Mis abuelos, obviamente, le intentaron quitar hierro al asunto y tranquilizar al señor, diciendo que todo era un sueño y que no pensase en esas cosas.

El miércoles de la semana siguiente falleció el señor y, como él había soñado, el entierro se celebró el jueves.

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