Nacional

Leyenda del Toloache

   Allá en la feraces tierras del Itsmo de Tehuantepec, donde crece la reseda en arbustos, despliega el cocotero su penacho verde sobre el fondo azul del cielo y el guacamayo multicolor horada para hacer nido el tronco del árbol seco que se yergue en el bosque como un atleta desnudo, en las jugosas tierras de “chahuite” que los ríos abonan con sus aluviones, crece una planta de dentadas hojas verdinegras, la cual florea cuando la luna llena sube por el espacio como una rodela de luz. Es el Toloache; los botánicos la llaman “Datura stramonium”, y los boticarios, belladona. 

   ¿Sabes tú las virtudes de esa yerba?  Su jugo, untado en los párpados, los ensombrece, y dilatando las pupilas, las hace hermosas, pero de mirar tan fijo y vago, que la mirada parece de un loco; tomada en infusión la yerba, tanto puede calmar y adormecer, como dormir y matar; y aplicada a la piel, amortigua dolores.

   ¿Sabes por qué el toloache tiene esas virtudes? y ¿Por qué solo en las noches de plenilunio abre sus hermosas flores blancas?…

   Cuenta una antigua leyenda zapoteca, que hace muchos siglos, aun antes que nos conquistara el español y aún antes de que el rey zapoteca Cosijoeza llevara sus huestes triunfantes a Tehuantepec, vivía allá, en mitad de las selvas de esa tierra, un emperador padre de siete príncipes. Una noche, mientras dormía en su “tapextli” de flexibles juncos, cubierto de pieles de garzas reales, le despertaron quejidos y lamentos; se levantó y halló a una niña que, sin darse nadie cuenta de ello, había llegado desnudita, fatigada y hambrienta hasta la real alcoba, y que no pudo explicar de dónde venía.

   El buen emperador la recogió compadecido, le dio alimentos y ropas y le dio cariño; la niña a su lado creció tan bella, con esa belleza no cantada aún de las vírgenes zapotecas, que los príncipes, enamorados de ella, comenzaron a odiarse como rivales; todos eran solteros y, como hijos del serrallo casi de la misma edad. La discordia substituyó a la paz, el rencor al amor, y a la fraternidad el celo; y la niña inocente lloraba de angustia porque los quería a todos y no podía amar a ninguno.

   Un día, al anochecer, supo el emperador que, para dirimir el caso, los príncipes se habían citado para una lucha fratricida en la que habían de sucumbir seis, siendo la beldad premio del superviviente.  Loco de dolor, tuvo una idea salvadora; cesando la causa, cesaría el efecto. Mandó arrojar a la bella del palacio, ordenando a sus sayones que la llevasen al monte y la mataran.

   Sin compasión se cumplió la orden en ausencia de los príncipes y los verdugos regresaron al palacio dejando por muerta a la víctima… Pero no fue así; al volver de su desmayo, la niña se dio a correr por selva y montaña, dilatando sus pupilas para querer ver en la sombra y ennegreciéndose sus párpados por el terror, con lo que sus ojos parecían los de una loca; despavorida bajó al río a lavar sus heridas, y allí lloró su desventura y su soledad. ¿Qué haría?

   Del horizonte se levantó entonces la luna como una rodela de luz, el toloache abrió sus flores, y una de éstas le dijo a la niña:

– ¡Ven! Yo te ocultaré en mi cáliz, yo curaré tus heridas, yo aliviaré los dolores de tu alma!

   Y la niña, por un prodigio, cupo en el seno de la flor,  y allí vive en la anoche y duerme en el día como en un camarín de blanco raso, ignorada y feliz.  Y el toloache adquirió sus virtudes y floreó ya sólo en el plenilunio.

   Los príncipes se dieron a buscar a la beldad transformados en mariposas, y los más suspicaces, en cucuyos luminosos, para sorprenderla en la noche; pero de día el toloache tiene cerradas sus flores, y de noche los insectos no se acercan a ellas, porque saben que el aroma que secretan aquéllas es mortal.  El toloache sabe guardar bien a su protegida.

Visítanos:

leyendasdeultratumba.com

Ayúdanos con un clic en los anuncios  de nuestro sitio web eso nos serviría de mucho gracias.

Deja tu comentario

Leave a Reply