Nacional

Carta de suicidio

Lo siento. Quizás es lo único que puedo decir en este momento. Siento hacer cargar con la pena de mi muerte a mis seres queridos, si es que alguien siente tristeza tras ella. Lo más probable es que cuando alguien encuentre esta carta yo ya esté muerto.
Puedo ver a través de la ventana niños jugando al atardecer, señoras de edad conversando las últimas polémicas concernientes al barrio y un perro negro observando alrededor tras los cubos de basura. Un aire helado entra por la ventana, refrescando mis pulmones, escucho los primeros grillos cantar con su hermosa tonada de todas las noches, y me percato del crepúsculo anaranjado alzándose por el cielo de la avenida. Como lamento no haber valorado los pequeños detalles aun estando vivo.
Con esta carta no pretendo explicar cómo llegué a esto, ni lo penosa que ha sido mi vida, pues directa o indirectamente todo lo que me ha ocurrido yo mismo me lo busqué, y quiero dejar el drama a las telenovelas. Simplemente quiero hallar un medio de cómo despedirme de las personas que he amado.
Puedo ver por la ventana como va anocheciendo, los niños terminan de jugar metiéndose a sus casas, las señoras de edad se despiden con un beso en la mejilla, el perro negro se recuesta frente a mi casa y a mi mientras me tiemblan las manos por el miedo. Miedo a no saber que me espera del otro lado, puesto que el cielo, de existir, no será mi destino.
Esposa mía, te quiero pedir perdón, puesto que lo más probable es que tú seas la primera en encontrar mi cuerpo colgado como un cascarón vacío en medio de la sala de estar. Perdón a mis hijos, a los cuales no podré ver crecer, no podré acariciar, no podré besar, ni tampoco arropar en las noches, y por sobre todo lo siento por casi haberlos arrastrado a un destino que no es el suyo. A mi madre, decirle que desearía haber sido un mejor hijo, que a pesar de las discusiones que teníamos, de los desacuerdos en los que no tranzábamos, yo la amaba, la amo y la amaré donde sea que vaya. Oh, madre, como desearía estar junto a ti como cuando era pequeño y me acurrucaba en tus brazos. A mi padre, al cual decepcioné muchas veces, el hombre que siempre me comprendió y me ayudó a pesar de la gravedad de la falta cometida, hasta mi último error, pero tengo claro que tú no podías hacer nada, la falta fue muy grave y no tenía perdón. Hasta que pagué el precio por lo cometido. Es por ello que ahora me despido.
Tengo miedo, tristeza y mucha incertidumbre. Siento un vacio en el estomago y ganas de gritar como loco a los cuatro vientos cientos de incoherencias. Por qué habré sido tan estúpido y dejarme tentar por aquella oferta?. Mañana será otro día y el mundo seguirá su curso, el tiempo no se detendrá, y dentro de años ya nadie me recordará.
Ya es de noche completamente, veo por mi ventana la calle desierta, los niños ya no están, las señoras tampoco, y el perro negro se acerca lentamente a la puerta de nuestra casa. Me viene a buscar. Ya no me queda mucho tiempo. Sepan hijos míos que todo lo que hago ahora es por protegerlos. No permitiré que ningún trato con el Diablo los lastime a los dos, es por ello que me sacrifico yo. No lloren en mi ausencia. Los amo. Esposa mía, lamento todo lo que te hice y te haré sufrir. Las lágrimas en mis ojos ya no me permiten escribir. Te amo…

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