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“Bad Moon Rising (2da Parte)

Gloria sentía como se le apretaba el pecho tras la partida de su novio. Se movía de un lado a otro mientras esperaba pacientemente. Al cabo de unos minutos le pareció ver la silueta de un hombrecillo pequeño por el costado, cuando observó con más atención, la silueta se difuminó con las sombras que proyectaba la luna escarlata sobre la cosecha. “No debería ya haber vuelto?” Preguntó inquieta, “Quizás aun no pasa ningún vehículo por la carretera, y él siga esperando” Contestó Cristian, “Lo siento, este lugar me pone nerviosa, es como si algo nos observara”, “No eres la única” dijo Samuel. Evey permanecía callada, pues tenía una pequeña idea de lo que sucedía, pero por miedo a quedar como loca no abrió la boca. Había leído durante los años acerca de duendes, pero por qué ahora?.
30 minutos pasaron y Matias aun no volvía, Gloria se mostraba más y más ansiosa, ruidos sospechosos se oían por los alrededores, pequeños murmullos y las siluetas aparecían de vez en cuando. “Voy a buscarlo” dijo Gloria avanzando ya agotada su paciencia. Evey la agarró del brazo “No vayas”, “Claro que sí iré, algo extraño está pasando, y que pasa si le sucedió algo?” Dijo Gloria al borde del ataque de nervios. Al ver que los demás se acercaban para calmarla, esta se soltó de la mano de Evey, y corrió en dirección hacia Matias. Evey intentó detenerla entre gritos, pero cuando Samuel y Cristian también se internaban los frenó “Alto, créanme por favor, esto es muy peligroso, estas criaturas están jugando con nosotros, y sus juegos son muy peligrosos”, “Que estás diciendo?, insinúas que hay algo sobrenatural afuera?” Preguntó Samuel, “Que no es obvio? Por supuesto que hay algo allá y es peligroso”, “Peligroso o no, no correré el riesgo de dejar a Gloria sola” y así Samuel se internó por la siembra en búsqueda de su amiga.
Samuel caminó unos metros por la espesura de las plantas sin encontrar rastro de su amiga. Mientras caminaba escuchaba pequeñas risas, demasiado agudas incluso para un niño, para avanzar, corría con las manos aquellas ramas que impedían su camino, y de pronto se sobresaltó encogiendo su mano al sentir un corte en esta. No supo qué lo provocó pero aun así siguió, escuchando risas y murmullos. “Quién anda ahí?” Preguntó solo recibiendo risas como respuesta, “Chicos, si son ustedes esto dejó de ser chistoso”. Recibió otro corte en la mano, las risas aumentaban, Samuel aceleraba el paso, y otro corte esta vez en la cara, maldijo al viento y corrió mientras seguía caminando más rápido y tapándose la herida sangrante. Algo lo empujó por la espalda haciéndolo caer de bruces. Asustado, como pudo se arrastró por la siembra hasta llegar a un circulo de tierra en medio de toda la cosecha. “Cómo? Dónde estoy? Por qué no puedo salir de aquí?”. Miró a su alrededor, en todo el sector habían mesas repletas de comida, manjares y dulces con aspecto sumamente delicioso, manzanas confitadas, manjar, cordero asado, bebidas, jugos, vinos, uvas azucaradas, postres, etc. Cada uno igualmente irresistible, y en frente al fondo una enorme silla donde parecía estar sentada una estatuilla de un hombre pequeño. Ahora lo recordaba, no había comido en horas, y sin duda era imposible resistir el hambre ante aquella tentación. Hundió el dedo en un pocillo de crema y lo probó con placer. Notó que el sabor era incomparable, que nunca había probado algo parecido, y se preguntó si las demás cosas sabrían igual. Empezó con el pavo relleno, y ciertamente sentía como ante el intenso sabor su paladar salivaba cada vez más ante el placer. Luego probó el manjar, los jugos, los vinos, el cordero, la torta, las uvas azucaradas, la fruta en conserva, los mariscos, todo, y poco a poco notaba que mientras más comía, más hambre le daba, y mientras más bebía más sed tenía, pero ya no podía parar. Divisó frente a él nuevamente la estatua, mientras llenaba su boca con alimentos, y esta se movió. No, no era una estatua, era un duende, el cual riéndose burlescamente se palmeaba el estómago y lamía sus labios. Samuel no podía parar de comer, aun con lo aterrado que estaba, ya no le bastaba con comer tan solo un alimento a la vez, mesclaba de a 4 alimentos tratando de meterlos todos en su boca y tragar desesperadamente. La sonrisa deforme era aterradora, con sus dientes puntiagudos y su cara arrugada, inmóvil, observando a su víctima. Samuel notó que no solo la sed y el hambre se hacían presentes al comer este alimento, si no que poco a poco sus músculos se empezaron a consumir a sí mismos, sus huesos se hacían débiles y su boca estaba reseca. Apenas podía masticar, tragaba comida con ira, mientras adelgazaba frenéticamente, sus ojeras se hacían prominentes y sus costillas sobresalían, su pellejo empezaba a colgar, apenas podía mantenerse en pie, mientras ocupaba sus últimas fuerzas en tragar y tragar, hasta que en un momento su esquelético rostro se puso rígido y sus desgastados ojos blancos, cayendo al suelo tieso como tabla y sus extremidades retorcidas como las raíces de un árbol, al mismo tiempo que el pequeño duende se reía con alevosía, se bajaba de su silla, y se internaba en la siembra.
Gloria caminaba sin rumbo fijo, perdida entre las plantas sin encontrar el límite. Un viento helado empezó a correr. “Aun es verano” dijo Gloria extrañada, mientras se abrazaba a sí misma, y de su boca salía vapor. Pensaba que tal vez fue mala idea ponerse polleras delgadas y pantalones cortos aquella noche. Al caminar, de la nada, sintió como algo le agarraba un pequeño mechón de pelo. Miró atrás sin divisar nada, para luego sentir por el costado otro tirón más fuerte, que esta vez arrancó algunos de sus cabellos. Un pequeño grito se escapó de su garganta y una serie de risitas se escucharon alrededor. Una serie de tirones a los cabellos de la muchacha sucedieron de la nada, y esta, desesperada, empezó a correr enloquecida azotando con sus manos hacia todas partes con los ojos cerrados. Para cuando los abrió, ya había salido de la siembra, llegando a una pradera con unos cuantos árboles. Miró hacia atrás y ya no encontró la cosecha, si no que un gran pastizal de maleza.
“Dónde estoy?” dijo extremadamente confusa. De la nada, una música alegre y extrañamente aterradora surgió de entre los árboles. El cuerpo de Gloria se contrajo, entonces empezó a mover sus pies al son de la música, luego sus manos, sus brazos, y después todo su cuerpo. El ritmo se hacía cada vez más veloz y sus movimientos también, la muchacha empezó a gritar por ayuda desesperadamente sin comprender la pérdida de control de su cuerpo. Nadie vino en su ayuda. Así avanzó agitándose y sacudiéndose hacia los árboles sin descanso durante minutos. Ya agotada seguía sin poder detenerse, y justo en la copa de un árbol vio a dos duendecillos tocando una especie de ocarina y a otro una especie de guitarra pequeña y deforme. “Matias, donde estás” Dijo Gloria con lágrimas en los ojos.
La joven siguió bailando por horas y horas, la luna escarlata no parecía moverse de su lugar, y sus ropas empapadas pesaban más culpa del cansancio. Sus pies los sentía hinchados por la fricción, su garganta seca, y una puntada insoportable en el costado de su torso. Sentía como su cuerpo quería desvanecerse por el cansancio, pero una fuerza ajena a su ser no la dejaba. Ya no le quedaban lágrimas ni pena, solo resignación, sentía sus pies a punto de reventar, si es que no lo habían hecho ya. Cuanto llevaba ya? Horas? Días?, no lo sabía con exactitud. Pronto, vio un repentino cambio en los duendes, su expresión ya no era burlesca, si no que de aburrimiento. Entonces, uno de ellos silba a lo lejos haciendo aparecer a uno más. La joven miraba aterrada sin detenerse, siendo consciente de que su situación podía empeorar, entonces, el tercer duende lanzó vidrios rotos en el duelo. La joven miro con pánico sus pies al ver que estaban descalzos y lentamente se dirigía a los pedazos de cristal. El dolor era insoportable y la música aumentó de velocidad, sus pies zapateaban con mayor fuerza, los duendes reían gozando la jugarreta animando al tercero a hacer algo más atrevido, el cual de la nada, hizo aparecer una plataforma repleta de clavos inversos. Gloria gritó desgarrando su garganta al pisar uno y cada uno de aquellos gruesos clavos. Sus pies ya no estaban cubiertos por piel, dejando al músculo y los huesos expuestos, pisando frenéticamente cada clavo y cristal. Pálida por su desangramiento logró emitir unas palabras con su tono más lastimero, “Mátame pronto por favor”, entonces tras ella apareció un foso profundo, Gloria empezó a retroceder al son de la música, sus pies deshechos se arrastraban por el suelo y las piedras, hasta que al final se desplomó dentro de la fosa, siendo empalada finalmente por estacas puestas en el fondo de esta. La Música paró, el silencio reinó en aquel prado, interrumpido tan solo por el goteo de la sangre derramada.

CONTINUARÁ…

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