Internacional

Al otro lado del espejo

Si me vez, no corras. Si te quedas te contaré mi historia. Siempre me ha gustado mirarme en los espejos. Muchos dirían que padezco de una vanidad exacerbada. Mi casa estaba rodeada de ellos, podía ver mi reflejo todos los días. Siempre he sido bien parecida, he mantenido devotamente un cuidado con mi cuerpo y mi piel, la belleza si bien no lo era todo, era parte importante en mi vida. La historia que les contaré comienza el día en que murió mi mascota.

El día en que Toby, mi perro, murió, fue día domingo. Recuerdo tener un fiel vínculo con mi mascota. La familia estaba reunida, mis padres y mi hermano. Enterramos a Toby en el jardín, y mientras mi padre y mi hermano le echaban la tierra encima, yo, desconsolada corrí a mi habitación. Era un día soleado con unas pocas nubes cubriendo el cielo. Mientras corría por el pasillo notaba mi reflejo a los costados correr conmigo. En mi cuarto, me senté sobre mi cama a llorar. Mi mascota, mi compañero con el que había compartido 8 años de mi vida, un día amaneció tieso, como si su cuerpo fuera solo una cáscara vacía. Tomé una foto mía con mi perro, la abracé con todas mis fuerzas, deseando poder verlo con vida nuevamente. Apreté contra mi pecho aquella foto con todas mis fuerzas mientras las lágrimas corrían por mis mejillas, luego, volví a mirar la foto, y la dejé al costado de un espejo sobre mi velador, uno de los tantos espejos de mi habitación. Me sentía agotada de tanto llorar, de tanto desgaste emocional, entonces caí dormida por el cansancio.

Me desperté al atardecer, mi familia me había dejado vivir mi duelo en soledad. La habitación se encontraba en silencio, y la luz carmesí se reflejaba en mis espejos. Pronto noté algo extraño frente a mí. A los pies de mi cama, en el espejo de cuerpo completo, se podía ver un bulto negro. En mi desconcierto este empezó a tomar forma. Era Toby, mi perro. Con alegría miré de donde debería provenir su reflejo, pero no encontré nada. Pronto mi dicha se convirtió en espanto, mi cuerpo se enfrió y sentí la habitación más oscura. El reflejo de mi perro no provenía de ninguna parte, era como si estuviera atrapado dentro del espejo. Solté un grito desesperado mientras retrocedía al respaldo de mi cama con los ojos desorbitados, el perro al otro lado del espejo comenzó a ladrar, pero sus ladridos no se escuchaban, tan solo se veía el movimiento. Mis padres vinieron en mi socorro, pero para cuando llegaron, el perro se había ido. Ese no era mi perro.

Junto con mis padres llegamos a la conclusión de que lo más probable es que no me hubiera despertado del todo y aun siguiera durmiendo cuando vi aquello, que estaba muy afectada aun por la muerte de Toby, y así fue, no se volvió a tocar el tema. Sin embargo, esto fue solo el principio.

Recuerdo que un día estaba alistando mis cosas para la universidad. Luego de maquillarme, caminé por el pasillo para salir de mi casa. En mi avance, a través de los espejos volví a ver aquello que me dejó petrificada. Frente a mí, se encontraba el reflejo mi perro ladrándome a mis espaldas. Mi corazón se aceleró nuevamente, el frío se coló por el pasillo, el aire se puso denso y reinó un insoportable silencio. Llevé mi mano a mi cara para taparme la boca horrorizada, y entonces el horror me paralizó por completa, mi reflejo no se movía, tan solo se quedó estático mirándome, y Toby seguía ladrando a mis espaldas, tan solo el reflejo, pues el real seguía enterrado en mi patio. Pensé estar volviéndome loca, o al menos me obligué a pensarlo, pero mi cuerpo decía lo

contrario, el vacío en mi estómago, la sensación de caer en un abismo, el terror, eran señales de que estaba en peligro. El reflejo alzó una mano y llevó un dedo a su boca haciendo una señal de silencio, y mientras reía corrí despavorida hacia la salida. Naturalmente no mencioné nada, no quería que me internaran como lo habían hecho con mi abuela hacía unos años.

Investigué sobre ello en internet, libros, en todo lo que estaba a mi alcance, todo lo relacionado con los espejos. Resultaba que muchas culturas lo veían como nexos con el más allá, o elemento de rituales, entre ellos el de la “Noche de San Juan”. Esta acontecería en unos días. Al principio dudé, pero luego pensé que siempre podría anular cualquier ritual, claro, siempre y cuando estás supersticiones fueran reales. Mientras esperaba el ritual tapé todos los espejos de mi habitación y pasé sin mirar los que estaban fuera de ella, estaba decidida a encontrar una respuesta.

Y así llegó la Noche de San Juan, si bien el ritual era para ver visiones en el agua, podría haber una conexión con lo que moraba en el espejo, así podría preguntar que deseaba para que me dejase en paz. Me encontraba en mi pieza, frente al espejo de rodillas, una fuente con agua, dos velas a los costados, y el silencio fúnebre de mi habitación. Ya eran casi las doce, entonces me apoyé a los costados de la fuente e intenté divisar algo. En un comienzo las aguas se mantuvieron quietas, sin embargo poco a poco se fueron tornando rojas, estaba teniendo una visión. Para mi horror divisé a mi familia, todos estaban asustados, corriendo por toda la casa e intentando esconderse, tras ellos estaba yo, con la cara distorsionada en una mueca horrible, parecía estar gritando con un cuchillo en mis manos. Pude ver como a través de la visión yo asesinaba a toda mi familia, mis lágrimas caían sobre el agua y esta reflejaba como cortaba sus cuerpos mientras estos seguían vivos. En un arranque de histeria y con el pecho apretado tiré la fuente con agua hacia un costado y cubrí mis ojos, desconsolada. De pronto oí un rasguño en el cristal, frente mío. Me quedé quieta temiendo que si alzaba la vista me arrepentiría. El terror corría por mis venas y mirara o no el resultado sería el mismo, me descubrí los ojos y vi mi reflejo del otro lado, sonriendo plácidamente, alzó un brazo, con su calor corporal empañó el vidrio, y sobre él escribió “hola”. Entonces su cara se desfiguró en una criatura horrenda, se abalanzó hacia mí a través del espejo, las velas se apagaron, grité lo más fuerte posible hasta sentir que me ahogaba.

Ahora me encuentro atrapada aquí, al otro lado del espejo, y ten cuidado en la noche de San Juan, porque así como algo encerró mi alma dentro de un espejo y tomó mi cuerpo, yo puedo poseer el tuyo.

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